Existe la creencia extendida de que un furancho es un lugar donde se conjuran las tradiciones gallegas más ancestrales, y donde la música más actúal, la rompedora, la que pega fuerte, son Ana Kiro y Juan Pardo, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, podrían diferenciarse dos etapas históricas en la vida de los furanchos:

1/ Etapa clásica: aquella en la que en la pared principal coexistían pacíficamente el retrato de la madre y una tele Thomson justo debajo, para ver principalmente los partidos de fútbol. Televisores tan humildes que en los partidos el césped del campo empezaba siendo verde para ir tornando en un rojo intenso, lo que producía que la selección española fuera poco más que 11 calzones azules corriendo.

2/ Etapa posmoderna. Se sustituye el viejo televisor de tubo (que posiblemente pase a servir como cabeza de espantapájaros, en la línea del mejor arte rural gallego) por una pantallaza plana de 300 pulgadas, FullHD, LED, TDT integrado, 5000 píxeles por pulgada, doble pivote en la junta de tracción y condensador de fluzo… Todo eso puede averigüarse por las 100 pegatinas alrededor de la pantalla. Esto provoca inevitablemente, que el retrato de la madre pase a un segundo plano. En el mejor de los casos se produce el “efecto mochuelo”, en virtud del cual, permanecen visibles los ojos del retrato. Esto produce una sensación de agobio y vigilancia perpetua, imposibilitando concentrarse en el partido, película, vino, tortilla o cualquier cosa, y forzando a pedirle perdón por haberte meado en la cama de pequeño, aunque no se trate de tu propia madre.

Sin embargo y ante todo, un furancho es una lección de humildad a las grandes superficies comerciales, pues estos excepcionales locales conjugan, en gran parte de los casos, casa familiar, bar estilo “retro”, y superficie de venta en la que puedes encontrar desde una caja de galletas Cuétara hasta un spray matacucarachas, pasando por una caja de bombillas… todo a muy escasa distancia, burlándose de esas absurdas normas de markéting e higiene que recomiendan separar los venenos de las comidas… ¡chorradas!

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